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“Historia de Sadako y las mil grullas"

En Japón se cuenta una antigua leyenda:
si doblas mil grullas de papel, los dioses conceden un deseo.

La grulla es un símbolo muy especial. Representa la longevidad, la fidelidad y esa esperanza flexible que puede doblarse… pero no romperse.
Por eso se dice que cada grulla de origami es como dar un aliento más a un deseo.

Mucho tiempo después, en Hiroshima, nació una niña llamada Sadako Sasaki.
Era veloz como el viento, sonriente, llena de sueños. Quería ser atleta y correr más lejos cada día.

A los doce años, tuvo que enfrentarse a una enfermedad que nadie podía ver, consecuencia silenciosa de la bomba que había caído cuando ella aún era un bebé.

Mientras estaba en el hospital, otra niña le recordó la vieja leyenda de las mil grullas.
Y Sadako decidió intentarlo.

Una grulla, otra, y otra más.
Doblar papel se convirtió en un gesto de fuerza:
una manera de mantener vivo lo que ella deseaba profundamente.
Cada grulla llevaba un pensamiento sencillo y lleno de luz.

Cuando el papel era demasiado grande, lo recortaba.
Y cuando ya no tenía, hacía grullas con los envoltorios de los medicamentos, trocitos de cualquier cosa.
Porque la esperanza, cuando es grande, no necesita materiales perfectos: solo voluntad.

Al verla, sus amigos y compañeros comenzaron a doblar también.
Ya no era solo el deseo de una niña: era un deseo compartido.

Sadako no llegó a completar las mil grullas…
pero su escuela sí.
Terminaron por ella lo que ella había empezado.
Y decidieron que su historia debía convertirse en un símbolo que jamás se olvidara.

Hoy, en Hiroshima, se alza una estatua de Sadako sosteniendo una grulla dorada.
A sus pies, un mensaje que ha viajado por todo el mundo:

“Esto es nuestro deseo:
que la paz reine en el mundo.”

Cada año, miles de niñas y niños envían grullas de papel al monumento.
Lo cubren de colores.
No por costumbre, sino por significado.

Porque Sadako nos enseñó algo precioso:
que incluso las manos pequeñas pueden iniciar un movimiento grande.
Y que un deseo, cuando se comparte, tiene la fuerza de mil alas.



Pequeña anécdota real

Cuando las maestras recogieron sus cosas, encontraron una cajita escondida bajo su almohada.
Dentro había más grullas…
delicadas, diminutas, dobladas con paciencia.

Porque Sadako nunca dejó de creer que un deseo puede sostener la vida.
Y su historia lo sigue demostrando.